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Las personas formamos parte de sistemas relacionales (nuestra familia, parientes, parejas, hijos, amistades…) y todo lo que nos pasa tiene que ver con nuestros sistemas de pertenencia y en particular con nuestra familia de origen.

Cualquier intervención sobre una persona determinada va a tener una repercusión en su familia y al mismo tiempo esa persona se va a ver afectada por lo que sucede dentro de su red familiar.

Hoy en día son muchas las iniciativas de tipo educativo y terapéutico que pretenden intervenir sobre los muchos problemas con los que se enfrenta nuestra sociedad en general y el sistema educativo en particular. Es como un esfuerzo titánico que solo sirve para ir paliando parches en uno y otro lugar. Cuando arreglamos algo es otra cosa la que reclama nuestra atención y parece que nunca es suficiente el esfuerzo que hacemos.

En general hay una crisis en el sistema educativo. En las escuelas los profesores se ven sobrecargados con una demanda imposible de satisfacer. Los padres depositan en ellos unas expectativas que hacen que los educadores se sientan desbordados. Al mismo tiempo los padres no saben que más pueden hacer y los niños son los que sufren las consecuencias.

En un sistema educativo que prima la inteligencia racional y el currículo sobre la inteligencia emocional y las relaciones, en un sistema social donde el bienestar material es más importante que el espiritual, en un mundo donde nos es difícil encontrar nuestro lugar y donde equilibrio, armonía y paz son palabras que asociamos con utopía, en un mundo de estas características hay multitud de personas que están trabajando por hacer una diferencia en sus vidas y en las vidas de los demás.

En la escuela las diferencias entre unos niños y otros son cada vez mayores, educar sin tener en cuenta estas diferencias aboca a muchos niños al fracaso escolar y a la más absoluta incomprensión.

Los profesores cada vez tienen más dificultades para ejercer su autoridad. La cantidad de niños por aula, las dificultades para atender a las diferencias dentro de las mismas, la necesidad de atender al currículo y perder de vista al verdadero protagonista del proceso educativo, el niño, son factores que no ayudan al profesorado.

Los niños tienen su atención puesta en temas que son de su absoluta prioridad, cuando un niño tiene la mirada puesta en la familia no queda nada para la escuela. En muchas ocasiones las dificultades de aprendizaje son una manera de llamar la atención de los padres sobre los problemas que el niño percibe dentro de la familia.

Si queremos niños saludables es necesario trabajar con las familias e implicarlas en un proceso de transformación que abarque a todo el sistema. Si los padres están bien los niños están bien y pueden dedicar su atención a aprender.

La pregunta es ¿qué podemos hacer para apoyar a los padres y por supuesto a los educadores?.

Filomena Rodriguez

Licenciada en Psicología , Asesora Sistémica y Reflexóloga

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