México, ese era mi nuevo destino. Este viaje lo había preparado con mucha minuciosidad. Tenía que hacer coincidir mi estancia con el equinoccio de otoño para poder ver la bajada de Kukulcan en la pirámide de Chichen Itza.
Tenía el billete de avión desde hacía varios meses y una reserva en un pequeño hotel de Playa del Carmen. Una semana antes del viaje estaba hecha un manojo de nervios, deseaba que no se me hubiera escapado nada en la preparación del viaje y los incidentes aéreos y la amenaza de huracanes agrabaron mi nerviosismo.
En una ocasión anterior ya habia recorrido México con una mochila en la espalda, pero esta vez iba de turista a visitar varias zonas arqueológicas que la vez anterior no pude hacer por falta de tiempo y, como no, a relajarme en las magníficas playas caribeñas de la Riviera Maya. Ahora sabía mucho más sobre la civilización maya gracias al interés que me despertó su misterioso calendario.
Una vez allí concertamos las excursiones, el 21 de setiembre tenía que ser Chichen Itzá, otro día iríamos a Tulum y Cobá.
El primer día en Playa del Carmen, nos dedicamos a cambiar divisas, a recorrer su famosa 5ª Avenida y a cumplir con unos encargos que traía de Barcelona. Una compañera de trabajo tenía a una cuñada que había montado una cafetería muy cerca de nuestro hotel y teníamos que llevarle una carta. Ante una taza de buen café, Ana y algunos clientes amigos mexicanos nos contaron sus vivencias en México, los contrastes culturales, sus reveses y esperanzas y así pudimos conocer un poco la vida en ese rincón del pais. Nos recomendaron lugares para comer fuera de las rutas turísticas, que por cierto fueron muy acertados. La gastronomía mexicana es muy rica y variada y no siempre tiene que ser picante.
Y nuestra primera excursión fue Xcaret, playas, acuarios, flora y fauna del lugar, ríos subterraneos... y la posibilidad de bañarse con delfines. Solo sumergirte en sus aguas ya te contagian una gran felicidad, son animales juguetones que te arrancan una gran sonrisa mientras estás con ellos. Y es una experiencia maravillosa poder acariciarlos. Me apenaba contribuir a la cautividad de estos maravillosos animales, pero Delphinus es un gran proyecto de defensa y atención a los delfines y otras especies que necesitan protección.
Al caer la tarde hay un espectáculo donde ves parte de la historia del pueblo maya. La representación está muy bien cuidada. Puedes ver el juego de la pelota, tal como se cree que se jugaba. El climax del espectáculo llega con la entrada de los españoles. No puedo describir la rabia que sentí cuando vi entrar a los españoles con sus cascos, su armadura y sus armas. En mi interior sentí todo el dolor de esas gentes brutalmente violadas y asesinadas. Y no pude reprimir un llanto de dolor. Si es verdad que existen las vidas pasadas estoy segura que yo viví esa parte de la historia en ese lugar, ese dolor que tanto sentía venía de muy lejos y de muy adentro.
Tulum y Cobá tienen una energía muy especial, es posible, incluso, verla a simple vista. Tulum es un enclave único, los restos arqueológicos están al lado del mar. Allí se respira una paz y tranquilidad como en ningún otro lugar. Cobá se encuentra en el interior, en plena selva, y la humedad y los sonidos desconocidos de la selva despiertan sensaciones muy profundas. Cobá es la pirámide más alta del Yucatan, vale la pena subir sus más de cien escalones para poder contemplar el paisaje desde sus cuarenta y dos metros de altura. Y aunque es difícil subir, lo peor es bajar sus empinados escalones.
Y llegó el esperado día de Chichen Itza. En mi viaje anterior ya había recorrido parte de esa zona arqueológica, pero debido al gran calor tuvimos que marchar rápido. Esta vez tenía intención de ver lo que no pude hacer la otra vez, el observatorio astronómico y el gran cenote, y como no, el juego de sombras que se produce en los equinoccios semejando una serpiente que baja por las escaleras hasta la tierra. Se dice que es un momento mágico, que en ese momento el Dios Kukulcan baja del cielo para bendecir a la tierra. Miles de personas se concentran a los pies de la pirámide para recibir su fuerza y su magia. Despues de hacer un recorrido por el juego de la pelota y por el observatorio nos dirigimos a la pirámide. El día estaba nublado pero confiamos en que más tarde se abrirían las nubes tal como suele hacer por esta zona. Pero no fue así, el cielo nos cayó literalmente encima. Una gran tormenta con luminosos relampagos y ensordecedores truenos dió paso a una fuerte lluvia. Los relámpagos caían muy cerca y los truenos parecían explosiones, tanto, que en un momento de confusión hubo gente que creyó que eran bombas. Salimos corriendo a refugiarnos en la cafetería, llegamos calados hasta los huesos. Y desde allí contemplamos un espéctaculo de luces sombras y agua con el que no contábamos. Dos personas, artesanos del lugar, fueron heridos por rayos, pero de esto nos enteramos al día siguiente.
Conversamos con los guías y nos contaron que en setiembre era bastante normal que pasara esto, que el mejor momento es en marzo, pero que este año tampoco se había podido ver. Tambien nos contaron que no hace mucho se ha descubierto que este juego de sombras no solo pasa con el sol, tambien se da con la luna, pero no de forma anual. En casi todos los restos arqueológicos de la zona, nos contaban, se dan fenómenos parecidos tanto en los equinoccios como en los solsticios.
Y eso me parece la perfecta excusa para volver a viajar por este maravilloso pais, lleno de misterios y magia.










Comentarios
Un artículo muy interesante.
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